Prioridades

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Prioridades

A menudo nos pasa que, sin importar el motivo, paramos un poco y nos damos cuenta que hay cosas que desearíamos hacer y que inevitablemente dejamos de lado. El ámbito de aplicación puede ser el más variado: trabajo, familia, salud. Generalizar no es bueno, pero en mayor o menor medida, siempre pasamos por este tipo de situación. A nivel familiar puede ser un viaje postergado, o una simple salida al cine que nunca se concreta; en el trabajo puede tratarse de una decisión que reposa inerte en el tintero; en el foro íntimo, puede tratarse de cuidar más a la salud, o darse algún gusto que también espera el sueño de los justos. Y la realidad es que para hacer, no hacer o dejar de hacer, hace falta empeño. ¡Si, fuerza!

Veámoslo de manera pormenorizada. Para llevar a cabo cualquier acción, se necesita de energía. Esto es un axioma. Pero para dejar de hacer algo, también: de hecho, para frenar un movimiento, se necesita pararlo y eso insume también energía ¿Y para no hacer? Siempre estamos ejecutando algo, de forma tal que para no hacer determinada cosa, comenzaremos por arrancar con otra. ¿Acaso se puede no pensar? Si, se puede, es un modo profundo de meditación, difícil de alcanzar a no ser con muchísimas práctica, por lo tanto, esa práctica también consume energía. Entonces, aunque no nos demos cuenta, siempre estamos en movimiento aun cuando creamos que estamos quietos.

Ahora es momento de analizar lo dicho en los párrafos anteriores. Si siento o entiendo que postergo cosas, sin importar el tema o espacio, es llanamente porque hago otras. Si dejo de hacer algo, es porque comienzo o sigo haciendo otra cosa. Esto quiere decir que mi atención se fija en otro objetivo y hacia allí va. ¿Es más importante?¿es más interesante? no podría decir ni que si, ni que no, pero lo que si puedo afirmar, y aquí viene la palabra mágica, es que allí está centrada nuestra “prioridad”. Prioridad es un vocablo que viene del Latín Prioritas y que significa: “el primero entre dos”. Vale decir que a la hora de establecer opciones, aquello que terminamos haciendo, de hecho, es nuestra prioridad. Ni más, ni menos.

Por lo tanto, cuando nos encontremos en la encrucijada de determinar si vamos a hacer tal o cual cosa, a la luz de aquello que siempre dejamos “postergado”, recordemos que la opción que terminemos ejecutando será “nuestra prioridad”. Aprender a vivir teniendo en claro que nuestras acciones hablan más fuerte que nuestras palabras, nos llevará a quitarnos esa mochila que nos pesa de tanto en tanto, cuando caemos en la cuenta de que hay cosas que nos gustaría hacer y terminamos dejándolas de lado. Ahora bien, esa prioridad que ejecutamos ¿es siempre la necesaria? Para responder a esta segunda pregunta, vamos a tener que hacer un análisis un poco más profundo. Muchas veces terminamos haciendo aquello que “es más cómodo” y, por ende, no es la acción en si, sino la comodidad la que termina marcando nuestra prioridad. Esto es normal, es propio del ser humano buscar, naturalmente, el camino más corto, el más sencillo y por qué no, el que genere el menor roce posible. Tiene que ver con nuestra supervivencia, con nuestro modo de pensar. Ahora bien, hay ámbitos en los que estos reflejos debieran ser mitigados y hasta combatidos: se imaginan a un neurocirujano tomando decisiones por comodidad durante una intervención quirúrgica, o a un administrador público decidiendo el destino de miles de personas ¿basado en lo que le resulte más fácil? Y es aquí donde colisionan nuestras prioridades, nuestra comodidad y aquello que nos gustaría, contra lo que debe ser hecho.

“La diaria”, maldita enemiga de cualquier persona con responsabilidades, nos agobia lo suficiente como para distraer y alterar el orden de prioridades. Esto sucede, nos sucede. La diaria nos tapa. ¿Y quiénes entran en la diaria? todos los actores y factores que mencionamos anteriormente: trabajo, familia, estudios: la propia vida. ¿Qué podemos hacer ante eso? Por experiencia, y a puro cabezazo, entendí que una mirada externa puede ser de gran ayuda. Aprendí que generar las conversaciones indicadas, con las personas apropiadas, pueden ser la fuente para encontrar las soluciones necesarias. He estado en los dos lados del mostrador, he sido asesor y he sido asesorado y en ese proceso es mucho lo que guardé ya que el saldo siempre fue positivo.

La mirada del otro, como fruto de un lenguaje generativo, siempre será de gran ayuda para poder establecer las prioridades. Claro que la decisión final está en las manos del protagonista, por supuesto, pero abrirse y ejercitar la escucha, es una tarea para valientes que saben no poseer una verdad única y que buscan, en esa práctica, la mejor opción, para poder alcanzar los mejores resultados.

 

Por Ricardo Urresti, para Mentor Político

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